Escribía hace ya más de un año, luego de (seguramente) un momento de fogosidad al leer sobre el tema, acerca del capitalismo. y lo que consideraba sus males. Redescubrí este texto hace poco, y lo publico en este blog, pues las ideas aquí presentadas no son muy diferentes a las que hoy mantengo, y quiero mostrar. Disculpen pues los errores que podría haber cometido al redactarlo.
El capitalismo es, ciertamente, un mal necesario: no existe sistema económico que, como este, haya demostrado suficiente eficiencia como para mantenerse en estabilidad. Pero ¿Por qué digo que es un mal?
El consenso político suele estar de acuerdo en que existe diversidad de capitalismos, siendo el liberal una de las formas más populares. El problema está en que el capitalismo liberal, así como muchas otras formas de capitalismo, plantean y defienden a una sociedad centrada en el mercado: Toman al intercambio de bienes como la manera por defecto de interactuar del ser humano, y a la acumulación de riqueza como poco menos que una forma de vida; creen en un Estado mínimo cuya única función sea proteger y promocionar al mercado, y, por consecuencia, en una educación que tenga por único objetivo formar capital.
Esto trae problemas, evidentemente. Con frecuencia, al capitalismo se le suele defender con el argumento de ser una expresión de la "naturaleza humana", y, ciertamente es así.
De hecho, no solo es una expresión de la naturaleza humana, sino un camino para empoderarla, explotarla, y hacer que gobierne. ¿El problema? Que la naturaleza humana no es precisamente buena.
Hemos vivido cerca de quinientos mil años en las cavernas, esto es, mil veces más de lo que hemos vivido en el capitalismo. Nuestros comportamientos no están en absoluto adaptados para una sociedad como esta, y, en consecuencia, una profunda y silenciosa crisis humana se ha venido forjando desde la consolidación del mercado.
El capitalismo tiene sus bases en la satisfacción de las necesidades humanas, pero en la mayoría de casos, estas necesidades no son más que la expresión de una sola: la descarga de dopamina.
Hoy no necesitamos salir de nuestras cuevas y organizarnos en grupos para cazar o recolectar, porque podemos conseguir comida desde casa pidiéndola por aplicación. Hoy, la sexualidad ha roto sus objetivos iniciales, la reproducción, y se ha empoderado y apoderado de gran parte del mercado audiovisual actual, llenando al internet de pornografía tremendamente fácil de encontrar, incluso a veces sin necesidad de buscar. Hoy, el alcohol y otras drogas inundan la sociedad, funcionando como un escape perfecto para las penurias personales.
Todo el sistema de esfuerzo y recompensa (en forma de secreciones hormonales) que antes nos movía y que funcionaba en la naturaleza, se ha caído, pues hoy más que nunca, la satisfacción hormonal es extremadamente fácil de obtener.
Y con esto no quiero decir que la sexualidad o la comida por delivery sean irrestrictamente actividades negativas, el problema está en, como casi todo, el exceso; y, lamentablemente, la naturaleza humana jamás le pondrá límites a su deseo por satisfacción hormonal, pues es parte de nuestro código genético. Este deseo nos termina por sumergir en el consumismo (que además los grandes capitalistas promueven), y, más preocupantemente aún, en las adiciones.
Hoy, en los países en los que el capitalismo ha triunfado, los problemas de obesidad, de adicción a las drogas y los casos de depresión son cada vez más comunes, siendo estos últimos la consecuencia directa de todo lo mencionado: la felicidad ha dejado de ser especial.
Y ese es el resultado final de la sociedad que la mayoría de capitalistas añoran: una profunda crisis mental humana, un paso gigante hacia el colapso total.
El capitalismo es, por sí solo, una máquina para crear hedonismo, superficialidad, y vacío intelectual. Es necesario, por consecuencia, un contrapeso cultural, igual o incluso más poderoso, que prevenga tales finales, y ese contrapeso es la educación.
El conocimiento, pues, no debe de estar regido por el capitalismo, no debe ser una herramienta para este, debe ser un fin en sí mismo.
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